Después del canto ´Laudes Regiae´ y la lectura del evangelio, los diáconos se presentaron ante el Papa. El protodiácono, el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Estévez --el mismo que anunció el pasado martes la elección del Papa-- fue el encargado de imponerle el palio y la ´scholacantorum´.
A continuación el secretario de Estado vaticano, Angelo Sodano, leyó la fórmula de la entrega del anillo del pescador y se dirigió hacia el Papa para entregárselo.
El palio y el anillo del pescador son los símbolos del Pontífice. Así, desde el balcón de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro, el mismo desde el que asoman los Papas tras su elección, colgará el tapiz de la pesca milagrosa, que según el evangelio de San Juan --leído en la ceremonia--, cuenta el dialogo entre Jesús y Pedro, cuando le concede el deber de ser "pescador de hombres", pastor de los cristianos y "cuidar el rebaño".
El palio es una larga estola que el Papa lleva sobre los hombros en las celebraciones. Está confeccionado con lana de oveja y tiene bordadas seis cruces con los clavos.
El anillo del pescador, que lleva la imagen de San Pedro lanzando las redes, es personalizado por cada Pontífice y se destruye tras la muerte del Papa.
En la ceremonia de este domingo, la casulla que lleva Benedicto XVI estaba bordada en oro y es la misma que vistió Juan Pablo II en la misa de Navidad del año 2000.
Después de la imposición del anillo y el palio y antes de la homilía se entonó el ´Tu es Petrus´ (Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia).
"Mi verdadero programa de gobierno no es imponer mi voluntad, perseguir mis ideas, sino escuchar, junto con toda la Iglesia, la palabra y la voluntad del Señor y dejarme guiar por él, de forma que sea Él mismo quien dirija la Iglesia en esta hora de nuestra historia", afirmó.
Benedicto XVI explicó que el palio, estola de lana que le fue impuesta sobre los hombros y que señaló para ilustrar a qué se refería, representa "la voluntad de Dios, que nosotros acogemos".
Esta voluntad, dijo, "no es para nosotros un peso exterior" ya que "conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es el camino de la vida" es "nuestra alegría" y un "gran privilegio", aseguró.
"La voluntad de Dios en vez de alejarnos de nuestra voluntad nos purifica", añadió. En cuanto al anillo, que lleva la imagen de San Pedro y una barca con redes, hace alusión a la labor de "pescador de hombres" que tiene el Pontífice.
"También se dice a la Iglesia y a los sucesores de los Apóstoles que entrar en el mar de la historia y de lanzar las redes para conquistar a los hombres para el Evangelio, Dios, Cristo y la verdadera vida".
Benedicto XVI, que hizo alusión a su predecesor en el cargo Juan Pablo II en repetidas ocasionies --todas ellas seguidas de aplausos calurosos de los fieles presentes en la Plaza de San Pedro--, subrayó que los días que precedieron a la muerte del Pontífice y los posteriores han demostrado que "la Iglesia está viva" y que "la Iglesia es joven".
Según el Papa, la "Iglesia está viva porque Cristo está vivo" y "nos muestra a cada uno el camino hacia el futuro".
Asimismo, Joseph Ratzinger aprovechó para pedir a los fieles su "indulgencia, fe, amor y esperanza" para que le ayuden a acometer la labor "inaudita" que se le ha encomendado, y aprovechó para expresar su agradecimiento y saludos no sólo a los integrantes de la Iglesia, sino también a los laicos que trabajan en "la construcción del reino de Dios" en el mundo.
Además, saludó a los "hermanos hebreos" con quienes dijo, "nos une un gran patrimonio espiritual común" y en general a "todos los hombres del mundo, creyentes y no creyentes". de su misa de entronización recordando a su predecesor Juan Pablo II y dirigiéndose a los jóvenes con un ´No tengáis miedo de Cristo´. "No tengáis miedo de Cristo.
El no quita nada y todo lo da, y el que se da a El recibe multiplicado por cien. Abrid las puertas a Cristo y encontraréis la verdadera vida". Joseph Ratzinger tuvo además palabras de recuerdo y homenaje para Juan Pablo II: "Quien cree no está solo y no lo está ni en la vida ni en la muerte", dijo.
En el momento de su muerte, prosiguió, "invocamos a los santos de todos los siglos, sus amigos, sus hermanos en la fe, sabiendo que serían el cortejo vivo que le acompañaría al más allá, hasta la gloria de Dios". "Sabíamos que su llegada era esperada.
Ahora sabemos que está entre los suyos y se siente realmente como en casa", añadió.
Las palabras del Papa fueron interrumpidas por aplausos de los fieles que se agolpaban en San Pedro 38 veces, especialmente cuando hizo referencia a Juan Pablo II.