Sin embargo, señala, "si se consideran fundados en la decisión de la asamblea que los ha aprobado, se cae en el peligro de una interpretación meramente positivista de los mismos, que los pone a merced de los que detentan el poder".
Por ello, el prelado afirma que "sólo si los derechos humanos se basan en el derecho natural, los organismos internacionales mantienen la justificación principal de su propia existencia y actuación: tener la autoridad necesaria para desempeñar su papel de defensores de los derechos de la persona y de los pueblos".
García-Gasco considera que "desde la convicción de que existen derechos humanos inalienables vinculados a la naturaleza común de los hombres se ha elaborado un derecho internacional humanitario". De hecho, los Estados "se han comprometido a observar este derecho, incluso en caso de guerra", aunque "casos dolorosos como los del Sur del Líbano, o las respuestas a formas inéditas de violencia terrorista, muestran que, con frecuencia, no se atiende a la obligación de proteger y ayudar a las víctimas inocentes y de no implicar a la población civil".
La guerra "es siempre un fracaso para la comunidad internacional y una gran pérdida para la humanidad", destaca el arzobispo, que refleja las palabras del papa Benedicto XVI en su último Mensaje de la Paz. No obstante, afirma que, cuando se llega a la guerra, "hay que salvaguardar al menos los principios esenciales de humanidad y los valores que fundamentan toda convivencia civil".
Por ello, la comunidad internacional "debe seguir velando por establecer normas de comportamiento para que se limiten al máximo los daños y para que se alivie el sufrimiento de los civiles y de todas las víctimas de los conflictos".
Asimismo, asevera que la paz se "ve también gravemente amenazada por la voluntad manifestada por algunos Estados de poseer armas nucleares". A este respecto, el arzobispo de Valencia expresa que "no bastan los acuerdos internacionales para la no proliferación de armas nucleares", sino que "es imprescindible el compromiso de intentar su disminución para llegar a alcanzar su desmantelamiento definitivo" porque "en ello puede ir la vida de toda la familia humana".
El arzobispo de Valencia concluye que "la defensa de la paz necesita quienes trabajan lealmente por ella, con una adecuada comprensión de lo que exige la dignidad humana y de lo que supone el derecho natural como fundamento de los derechos humanos y origen del derecho internacional humanitario".