Precisamente, Iniesta ha reconocido en más de una ocasión que se decidió a dar el paso de asumir la presidencia del Alicante después de comprobar lo ingrato que había sido el fútbol con el club tras no lograr el ascenso a Segunda División, en la campaña 2005-06 tras encajar un gol de la Ponferradina a sólo cuatro minutos del final del último partido.
En su primer año al frente del club, Iniesta no sólo ha igualado la cima alcanzada por Solana, sino que también ha heredado la mala fortuna que acompaña a un club que en los últimos años ha sido uno de los grandes de Segunda B y si no ha subido a Segunda ha sido por mala suerte.
Así lo evidenció, por ejemplo, el encuentro de vuelta de la eliminatoria frente al Racing de Ferrol, en la que si bien el Alicante debía remontar un 2-0, pudo haber goleado a su rival gallego y se quedó en una escasa victoria por 1-0.
Tras la derrota, Iniesta envió un "mensaje de confianza" a los aficionados y dijo sentirse "orgulloso" de ser el presidente de la entidad y de sus futbolistas. "El Alicante no está en Segunda División porque quizás su destino no era ese este año, pero lo que tengo claro es que voy a seguir luchando porque suba y la historia le acabe dando al club lo que se está ganando por derecho", manifestó.
"El Alicante es un club que va a seguir aspirando a todo y subirá a Segunda División para no volver jamás. Eso lo tengo claro porque nos está costando mucho y cuando lo tengamos vamos a cuidar esa posición como un tesoro", prosiguió.
Iniesta consideró la temporada, pese a no ascender, como "un buen año" en el que "han pasado muchas cosas buenas" como para que quede "enturbiado", en referencia al proceso de conversión en sociedad anónima deportiva en el que está envuelto el club o a la futura remodelación de la ciudad deportiva de Villafranqueza.