Ordovás hizo estas declaraciones, acompañado por la directora general de Ordenación, Evaluación e Investigación Sanitaria, Pilar Viedma, y el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, Javier Aranceta, en la rueda de prensa de presentación del VIII Congreso de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), que se celebra en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe hasta el 25 de octubre.
Explicó que, en estos momentos, no existen pistas para saber cómo va a reaccionar cada persona a una determinada dieta, y que, en función de cómo responden, se les clasifica como hiper-respondedores, un tercio de los cuales responde mejor de los esperado y otro tercio, que evoluciona como se preveía.
El otro grupo, que también aglutina a un tercio de la población, es hipo-respondedor, puesto que, pese a seguir las recomendaciones, no logra reducir el peso o el colesterol -en función de la dieta- porque "su bagaje genético no responde de manera correcta".
Según dijo, en los próximos cinco años se podrán aplicar las investigaciones más vanguardistas sobre nutrigenómica a los grupos de alto riesgo, con lo que se podrá elaborar la secuencia genética a unos 100.000 sujetos. Apuntó que el "reto final" es que dentro de diez años, todos tengan la posibilidad de ser secuenciados y disponer de un "chip genético" por unos 800 euros con el fin de adecuar los consejos médicos y la medicación a la secuencia de cada persona.
Señaló que después de que una persona conozca sus necesidades, "podrá elegir el camino", ya que el "20 o 30 por ciento de los obesos posiblemente no tengan riesgo de enfermedad". Así, matizó que existen dos tipos, por un lado, la obesidad visual, que aunque no lo aparenten pueden tener riesgos, y, por otro, la metabólica, en la que pese a parecer que se tiene obesidad, el sobrepeso no comporta ningún riesgo para la salud.
Por ello, pidió que "nadie se excuse en la genética", ya que, según dijo, los genes estudiados sobre esta enfermedad "lo que hacen es predisponer, pero no predetermina la obesidad", por lo que "ayudan, pero el resto lo haces tú", "con la excepción -matizó- de muy pocas personas en el mundo con obesidad incontrolable".
Resaltó, además, la "evolución espectacular" que experimentó la investigación de genes y marcadores con el fin de conocer quién es un enfermo potencial -de obesidad, hipercolesterólico, problemas neurológicos, etcétera-, para saberlo desde la infancia.
Soluciones milagrosasAl respecto, insistió en la necesidad de "encontrar los genes y saber manejarlos" a través de dietas y actividades físicas que "cambian la predisposición". Por ello, abogó por adecuar los "estilos de vida más que a las soluciones milagrosas, porque no existen", y, en su caso, "puede dañar otros aspectos muy importantes para la salud". Asimismo, instó a suprimir la "connotación negativa de la dieta" para lo que consideró "fundamental" la educación.
Ordovás destacó que las dietas regionales disponen de las combinaciones "adecuadas" para poder absorberlas y manifestó que la dieta mediterránea está "optimizada para los recursos y es la más apropiada para resistir enfermedades".
Javier Aranceta, por su parte, también se refirió a la dieta mediterránea y comentó que la crisis lleva a las personas que "aún tienen una cultura tradicional" a priorizar una nutrición saludable debido al precio de los productos en el mercado.
No obstante, remarcó que "saber comprar necesita aprendizaje" porque "se puede comer bien con menos recursos", aunque lamentó que cuando se sale a comer fuera "los establecimientos que sirven comida de alta densidad energética, como un burguer, son más baratos que el resto".