La propuesta de la Pavana, con Rafael Calatayud en la dirección de un texto adaptado por Rodolf Sirera, deja caer sobre Amparo Ferrer –Hedda Gabler- el peso fundamental de un texto “difícil y apasionado” y “con muchas aristas en el que la protagonista tiene un perfil psicológico complejo y comprensible”, según explicó el máximo responsable del montaje.
La dificultad de meterse en la piel de este personaje la confirma la propia Ferrer, quién destacó el aspecto camaleónico de la figura creada por el dramaturgo noruego. “Se trata de una mujer que, según el personaje con el que se encuentra, tiene un comportamiento; es una manipuladora que según con quién está cambia de color”, explicó.
Hedda Gabler es una mujer burguesa en cuyo interior había que “encontrar su rabia por la sociedad que la roda y por la vida que lleva”, explicó la actriz, quién apuntó también que “al mismo tiempo hay que encontrar ese poder que tiene, porque cuando está delante te fascina”.
La figura principal de la obra no llega a ser una “femme fatale” al uso, aunque el director del montaje reconoció la referencia al cine negro de los 40 y a las actrices que adoptaron las formas de mujeres agresivas e independientes dentro del género.
Además, Caltayud atribuye a Ibsen la capacidad para avanzarse a la sociedad de su tiempo –segunda mitad del XIX- pueto que “Hedda no deja ser una avanzada a su tiempo al luchar por algo que es imposible; lucha contra la sociedad y lo que le rodea: su marido y su entorno burgués”.
El montaje se desarrolla en un escenario ocupado por un ring de boxeo, una propuesta para huir de la “convencional puesta en escena” y que trata de reforzar el papel de lucha –de sexo, de clase o del individuo contra la sociedad- entre los personajes. También trata de reflejar, asegura Calatayud, “que puede ser un podium, un escenario o un cabaret; porque, aunque la obra hable de sentimientos íntimos, no deja de ser un espectáculo”.