
Son sólo dos ejemplos aunque excesivamente cotidianos, tanto que escucharlos nos parece lo habitual. No debiera serlo con una ley de igualdad aprobada sin una voz discordante en el Congreso de los Diputados hace dos años. Los dos ejemplos citados anteriormente no sólo representan una vergüenza social sino también lastran la economía española y, aunque sólo fuera por un principio de oportunidad económica, al menos las instituciones públicas debieran aplicarse la norma igualitaria para generar un efecto mimético en las empresas privadas.
La productividad de los trabajadores españoles crece anualmente la mitad que la media de la zona euro. Lo advierte la Comisión Europea y lo atestigua el avance penoso e incontrolado del desempleo. Tenemos que ser más competitivos, escuchamos una y otra vez. Pero, ¿qué es la competitividad? Reducir la rotación, el absentismo, el estrés, la ansiedad y la depresión en los empleados, aumentar la motivación, el compromiso y la satisfacción laboral y, en general, mejorar las relaciones laborales.
Dicho así, parece mera teoría pero se puede llevar a cabo por medio de los defendidos, con la boca pequeña, y marginados en la práctica, planes de igualdad. La igualdad, lógicamente, no se reduce a una mera contratación del mismo número de hombres y mujeres. Contempla la política retributiva, selección de personal, clasificación profesional, promoción, formación, acoso laboral, gestión y planificación del tiempo de trabajo, etc. Es decir son medidas que van a permitir que las mujeres accedan a puestos de responsabilidad a la vez que compaginan su vida laboral con la familiar, o permitir a los hombres acceder a estos mismos beneficios que multiplicarán la competitividad a la que nos referíamos en el comienzo del artículo.
De hecho, una jornada laboral compacta y con horario flexible tiene unos beneficios claros para las empresas que apuesten por esta fórmula: la productividad de los empleados aumenta entre un 15 y un 20% y se reduce su absentismo hasta en un 30%. Y no sólo eso. Las empresas tienen la obligación de sacar lo mejor de sus empleados y ellas esconden un as bajo la manga: el talento. Perdida la batalla de la mano de obra, tener una cabeza diferente es lo único que nos salva.
La mujer establece relaciones personales y profesionales con mayor facilidad, posee más capacidad de organización e intuición, es más proclive a gestionar los cambios, tiene más visión global, atiende a los aspectos personales en la gestión en mayor medida, valora el impacto personal en la toma de decisiones, aporta mayor sensibilidad hacia los detalles, etc. El liderazgo de la mujer es más participativo y flexible, fomenta la participación de los integrantes del equipo, proyecta un enfoque social de la gestión y planifica y optimiza mejor el tiempo.
Pero el día a día empresarial, más ocupado en la instantaneidad de las cuentas, que en prepararse mejor para el futuro, impone una realidad tozuda. Más del 75% de los empleos a tiempo parcial son ocupados por mujeres, según la EPA del segundo semestre de 2008. Sólo el 7,4% de la empresas del Ibex tienen en sus consejos a mujeres y únicamente cinco cotizadas han negociado un plan de igualdad.
Porque Innovaciones Sociosanitarias ni quiere ni puede ser corresponsal de la falta de competitividad española, en momentos de desazón colectiva, animamos a implantar un plan de igualdad, y no por capricho sino por oportunidad económica. Que ningún directivo tiemble. Ni el tiempo en la aplicación es excesivo (unos seis meses) ni los costes son inasumibles.
Las firmas de menos de 250 trabajadores pueden recibir hasta el 80% de lo que le cuesta el plan de igualdad, además de las ayudas directas por contratación de mujeres.
No estamos, pues, ante un discurso ñoño de respetar el derecho de las mujeres a disponer de las mismas oportunidades, que de por sí merecería la defensa más valiente, sino ante una oportunidad real para escapar de la crisis. Cuanto más apostemos por las mujeres, más competitivos seremos. Si ganamos esta batalla, hombres y mujeres habrán ganado el futuro.
*Stephanie Carretero es directora de la consultora Innovaciones Sociosanitarias