La congregación religiosa de vida contemplativa de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, fundada por monseñor José María García Lahiguera (Fitero, 1903- Madrid, 1989), quien fue arzobispo de Valencia de 1969 a 1978, ha abierto su primer monasterio fuera de España, en la población de Moyobamba, en una zona selvática al noroeste de Perú, según informó el Arzobispado.
El nuevo convento cuenta con cinco religiosas, dos de ellas procedentes del monasterio que la congregación religiosa regenta en la localidad valenciana de Moncada.
La inauguración del monasterio peruano del Inmaculado Corazón de María ha sido presidida por el obispo de la prelatura apostólica de Moyobamba, monseñor Rafael Escudero, y en ella ha participado, entre otros, la superiora general de la congregación, María Pilar Adámez.
En la actualidad, el instituto de vida consagrada cuenta con monasterios en Madrid, donde tiene también su casa general, así como en Salamanca, Huelva, Javier y Toledo, además de en Moncada, donde permanecen 17 religiosas. En total, la congregación cuenta con un centenar de religiosas.
La congregación religiosa fue fundada en Madrid en 1938 por monseñor García Lahiguera con la religiosa María Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez (Madrid, 1913-2001). Dos años antes, en 1936, durante el bombardeo del cuartel de la Montaña de Madrid, la cofundadora "experimentó una fuerza interior que la movió a ofrecer su vida por los sacerdotes, al profundizar en el significado y la necesidad urgente del sacerdote santo, para poder celebrar la eucaristía y llegar a las almas", según fuentes de la congregación religiosa.
Movida por ese deseo, la religiosa se comprometió a fundar una congregación bajo ese carisma con monseñor García Lahiguera, quien fue director espiritual del Seminario Menor de Madrid y que durante la Guerra Civil (1936-1939) española "se dedicó a socorrer a los sacerdotes y seminaristas que vivían en condiciones muy precarias", según fuentes del Arzobispado de Valencia.
El carisma principal de la congregación "es, por tanto, cooperar espiritualmente, mediante la oración y la oblación de nuestra vida, en la santificación de los sacerdotes y aspirantes al sacerdocio", han añadido las mismas fuentes del instituto religioso.