Las monitoras de los ocho jóvenes con Síndrome de Down a los que negaron la entrada en un pub del barrio valenciano de Cánovas el 15 de diciembre de 2006 reiteraron este viernes que hubo "discriminación" ya que les dijeron que no podían pasar porque eran "disminuidos". Sin embargo, los responsables del establecimiento aseguraron que se impidió el acceso porque el aforo estaba lleno, aunque la dueña -mujer del propietario- reconoció que conforme se vaciaba el local, entraba más gente.
Así, tanto la dueña como el responsable del local, para los que el ministerio fiscal pide una pena de dos años de inhabilitación especial para el ejercicio de la profesión, la acusación particular cuatro años y el pago simbólico de un euro a la Fundación Asindown de Valencia, en concepto de indemnización por daños morales, y la defensa la absolución, reiteraron que esa noche el local estaba reservado por tres empresas, con lo que el aforo estaba "completo", aunque luego la dueña reconociera que la facturación de ese día se compuso de las consumiciones de los empleados de estas empresas, y de la gente que iba entrando cuando éstos se iban.
Además, ninguno de los dos supo concretar el número de personas que se encontraba en el interior del local cuando llegó el grupo de personas con Síndrome de Down, aunque sí reiteraron que "iban llegando poco a poco de todas las cenas de empresa", y que "tenían que llevar la invitación para acceder al interior", apostilló él. También reconocieron que en un primer momento no quisieron facilitar el Libro de Reclamaciones, pero que lo luego lo dieron ante la mediación policial.
Esta situación provocó que una de las monitoras pensara que era un pub "para una clientela determinada" y que ellos "no pintaban nada allí". Lamentó, al igual que sus compañeras, que para negarles la entrada, alegaran en principio que eran menores, "aún sin pedirles el DNI"; luego que eran "disminuidos" y que tenían "el derecho de admisión"; y, por último, que estaba "muy lleno", que iba a ir "mucha gente" de las cenas de empresa y que "los chavales se podían hacer daño".
Tras escuchar estas "excusas", la monitoria les dijo que se les estaba "discriminando", a lo que la dueña les contestó que "no es discriminación, porque al pub entran personas con silla de ruedas y discapacitados físicos". Seguidamente, entró al interior para decir a la mitad del grupo, que había entrado momentos antes sin que el portero les pidiera invitación, que se fueran a otro local porque "no querían que estuviéramos allí".
Entonces, ésta se fue del establecimiento junto a otra monitora y los jóvenes, y en el lugar se quedaron dos miembros más de la fundación Asindown, que ante lo acontecido pidieron al responsable el Libro de Reclamación. Éste, según dijo la trabajadora, "se negó", tras lo que avisó a la Policía y, al personarse, "no tuvo más remedio que dárnoslo".
Volver en otro momentoSin embargo, las versiones de estas jóvenes no coincidieron con lo argumentado por el responsable y la dueña. El primero afirmó que estuvo hablando "con tranquilidad" con las monitoras y les explicó que esa noche estaba todo reservado. Así, les comentó que le llamaran "en cualquier otro momento" para volver. También indicó que "nunca" se ha dado ninguna orden para que "no se dejara entrar a personas con discapacidad".
La dueña declaró que les repetía "en todo momento" que no había "discriminación", sino que el aforo "estaba completo", y les comentó que no entendía a qué venía la reclamación, y que "estaban montando un pequeño escándalo en la puerta". También les preguntó, textualmente, "nos va a tocar a nosotros que nos deis la noche con lo que tenemos".
Por su parte, el portero del pub indicó que los jóvenes no pudieron entrar porque "el aforo estaba completo", y dijo que dejó pasar a una monitora porque "conocía al socio y quería hablar con él". Señaló que las personas que entraban esa noche "lo hacían con tickets", y que no recibió instrucciones para no dejar entrar a personas "con minusvalía".
Por último, el propietario y mujer de la dueña afirmó que se enteró de lo que pasó cuando llegó la Policía, "a última hora", y que desconocía si el local estaba reservado por otras empresas, ya que de eso se encarga su mujer y su socio. Asimismo, aclaró que tiene dos ahijadas con Síndrome de Down que les tienen "adoración", así como un sobrino que va en silla de ruedas. "En ningún momento me creo que mi socio, amigo, compañero y mujer discriminaran a nadie", concluyó.