Las aguas que bajaban muy crecidas arrastraron hasta el mar las formas consagradas que el párroco pudo rescatar en la orilla porque tres peces se las acercaron en sus bocas. Igualmente, la arquilla también fue encontrada por el párroco en el barranco.
Ante aquel hecho prodigioso, el pueblo de Alboraya, con el sacerdote al frente, promovió procesiones y la construcción en el lugar de una ermita, según el párroco de Alboraya, José Vicente Olmos.
A la misa, que se celebra tradicionalmente el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, acudirán centenares de vecinos de Alboraya y localidades próximas.
La arquilla que contuvo las sagradas formas cuando se produjo el milagro en el siglo XIV sólo sale del templo parroquial en la festividad de San Vicente Ferrer para llevar la comunión a los enfermos a sus casas, y también en la procesión del Corpus que Alboraya celebra el primer domingo de julio. Se trata de una caja pequeña destinada a contener las formas consagradas, del siglo XIII, que se conserva en la parroquia de Alboraya.