Villena está en el interior, y el problema de su grupo popular de concejales partido por dos, también. Juan Cotino intentó con asepsia la pasada semana mediar entre las dos corrientes y no obtuvo nada positivo. Campistas y ripollistas coinciden cuando se les pregunta en privado –ahora- en que los problemas entre ambas facciones de concejales populares son ya personales. Ripollistas y campistas sólo disienten en cuanto al origen del problema, que los primeros achacan a la mala intención del señor concejal Pedrosa (primo de Adela, la antigua secretaria general en la Comunidad y actual alcaldesa de la vecina Elda), y los segundos, a la poca mano izquierda de la alcaldesa Lledó, a quien no reconocen afán integrador durante los dos años que lleva al frente … y en el frente. Y en lo que coinciden campistas y alartistas (sí, alartistas) es en que no habrá moción de censura. El secretario general del PSPV lo aseguró delante de un periodista y de un sabueso, con su fiel Cristina Moreno como testigo, la misma noche en que 5 de los 7 campistas de la capital del Alto Vinalopó (otros dos sellaron la paz municipal durante el último año, tras el traumático congreso provincial de Orihuela) se iban al limbo de los no adscritos. Casi tan firmemente lo dijo Alarte como cuando lo de Benidorm, por lo que habrá que estar atentos a lo que hagan los pajinescos. Alarte defiende que la medida es imposible (?) legalmente. Pero la secretaria provincial del PSPV, Ana Barceló, cree que para descartarla “antes hay que sentarse a hablar con los compañeros de Villena para conocer de primera mano el escenario”. Se supone que ya lo han hecho. Sentarse. Los díscolos afirman en su escrito de renuncia que “es nuestra firme voluntad el establecer cauces de diálogo y colaboración con todas las fuerzas políticas que integran la corporación municipal, a fin de poder trabajar sin prejuicios ni limitaciones en cumplimiento de los compromisos por los que fuimos elegidos”, y los periodistas locales Pepe López (“la crisis abre un tiempo en la que la ingobernabilidad puede justificarlo todo”) y Javier Prats (“el PSOE y Los Verdes no tienen necesidad de una moción de censura porque la alcaldesa pasa a ser un mero objeto decorativo en los plenos”) muestran el prudente punto de escepticismo aconsejable en estos casos y la posible salida al lío que se ha montado en el municipio zapatero (con perdón y minúscula). Porque antes hubo un Benidorm, y vamos a ver con quiénes cenan en la próxima y última Navidad preelectoral los cinco díscolos de ahora. El PPCV anunció el inicio de los correspondientes expedientes de expulsión porque la provincial al parecer no le avisó de que los díscolos se habían adelantado pidiendo la baja. Igualico igualico que el difunto de mi abuelico. De todas formas, mejor para la imagen de la regional, porque así ha quedado claro que iba a actuar con contundencia incluso tratándose de afines. Díscolos, pero afines.
En cambio Costa está bañado por el mar de fondo de Génova, aunque ande a orillas del Támesis practicando idiomas. No se lo esperaba, y dice estar hasta ni les digo dónde. Lo saben bien quienes le llamaron esa noche desde Madrid (aunque la fiesta hubiera terminado) y desde Valencia. Un año de suspensión le deja fuera de la precampaña y –conociendo cómo las gasta De Cospedal- de las listas para las autonómicas de 2011, e irrecuperable para un alto cargo, en opinión de muchos de sus compañeros de partido. Por eso va a defender la mayor, con el objetivo de conseguir al menos la rebaja a seis meses, que dependerá en último extremo de si su nombre vuelve a salir o por hacer ruido o en nuevas filtraciones: que el Comité Regional no le había destituido de secretario general cuando dijo en público que lo era, poco antes de que De Cospedal le salió al paso. Porque la acción –por mucho que diga Rajoy de que el comité disciplinario es independiente- aquí todos se la atribuyen a De Cospedal. Es más, creen que le arrea a Camps en la cara de Costa. Fuentes del PP en la calle Génova ven difícil la reducción que pide el PPCV o el archivo que reclama Costa porque no hay contempladas sanciones graves de menos de un año. A ver qué pasa cuando, en Valencia, Les Corts vuelvan a la actividad, con la proposición sobre aguas y trasvases que ha preparado el PP contra Alarte, ZP, y vamos a ver si también la lideresa manchega.
Efecto colateral de lo de Costa (que sigue pensando que se comete una gran injusticia con él, un hombre que antepuso el partido incluso a los lazos familiares cuando su hermano Juan se postuló contra Rajoy) es lo de Clemente. El sustituto de Costa ha visto esta semana cómo se las gastan … ¿quiénes? Pues El Mundo sugiere que Interior, grabando cosas antes de que un juez autorizara tales prácticas al calor de Gürtel. Pero, como apunta El País, no entrecomilla las frases presuntamente grabadas. Luego –sugiere este segundo rotativo- no ha tenido acceso a las cintas, sino al testimonio de alguien que ha podido escucharlas. ¿Costa? Las Provincias dice que hay unos cuantos de su partido que lo sospechan. El entorno de Costa (pero no ese entorno que habla tanto esta semana con todos aunque no se deje grabar, sino otro entorno más propiamente entornado) sonríe con el temita, que no es tal, porque “¿tú te crees que no lo miramos (cuando Clemente compró el Jaguar)? Pues claro que sí”. Y no vieron nada. Ese entorno entornado apunta más bien a ajuste de cuentas periodísticas. Para explicar la publicación, un par de confidenciales sugería -o algo más- recurrir a la prueba del 9.
Lo que parece claro es que este episodio de Clemente no tiene nada que ver –al menos directamente- con las filtraciones Gürtel, asunto del que sabemos que el juez Pedreira ha prorrogado hasta Fallas el secreto del sumario, oficialmente porque no da tiempo a escanear todos los documentos, y según El Confidencial para eliminar “aquellos detalles que afectan a la privacidad o reputación de los investigados”. Este mismo juez se ha negado a decirle al TSJ si investiga al PPCV, con lo que éste no puede admitir la querella del PSPV para evitar duplicidades y este argumento político-mediático en el que tanto confía Alarte se aplaza. Hablando de Alarte: prueben a preguntarle a los de la Coalició Compromís (recién presentada como tercera oferta electoral) si es verdad que ZP es su mejor aliado. No lo negarán, ni muchíiisimo menos, todo lo contrario. Pero añadirán rápidamente “¡y Alarte; no veas lo que dicen de él los suyos!”.