El concepto de librería está transformándose. Ya no se trata
únicamente de un local al que acude el lector a echar un vistazo a los
ejemplares con los que se topa su mirada o, directamente, a adquirir aquel o
aquellos que tenía en mente. Ahora, máxime tras la aparición del libro digital,
los establecimientos del ramo recurren a otras técnicas para atraer al
comprador.
La presentación de nuevas obras ya constituye un método clásico
y en Valencia lo desarrollan con asiduidad negocios como la Casa del Libro o la propia
FNAC. También Leo (nombre sugerente), un local de reciente creación que cuenta
con el apoyo presencial constante del escritor Santiago Posteguillo, practica con
frecuencia esta alternativa.
No obstante, algunos propietarios han ido más allá. No
buscan el negocio directo, sino la fidelización del cliente y, sobre todo,
acostumbrarle al gusto de visitar sus locales. Bibliocafé supone un nítido
ejemplo. La librería establecida en la calle Amadeo de Saboya compagina, como
su nombre indica, cafetería con estanterías y con conferencias casi a diario.
Algunas están relacionadas con los productos literarios que ofrece. Otras nada
tienen que ver y también las acoge en su sede porque fomentan el debate e
impulsan el conocimiento.
Otras librerías, como Nobel en calle Ángel Guimerá de la
ciudad de las Torres de Quart, lleva a cabo los denominados cuentacuentos. El
objetivo consiste en atraer a los más pequeños a la lectura desde su tierna
infancia con relatos y prácticas de dibujo sencillas. De paso, los adultos que
les acompañan pueden igualmente curiosear por las estanterías de otras
secciones.
El negocio librero, como tantos otros sectores, está
variando. La proliferación de las plataformas digitales y los cambios de los
gustos del consumidor obligan a sus propietarios a devanarse los sesos para
hallar nuevas vías de negocio. En cualquier caso, constituye una buena noticia
el hecho de que prosiga la apertura de locales de este histórico sector que
ayuda a promover la cultura y la inquietud social y mental.