“Auctoritas” es la cualidad por la cual una persona se hacía merecedora del respeto de los que la rodeaban a través de la experiencia, y la realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes. Para tener “auctoritas”, un romano debía labrarse una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder –“potestas”- o incluso poder absoluto –“imperium”-, pero el hecho de tener “potestas” en ningún momento aseguraba ni un ápice de “auctoritas”.Recuerdo estos conceptos a propósito del debate de estos días sobre la consideración legal de los profesores como autoridad. Roma es la cuna de la cultura occidental. Y los conceptos romanos –que lástima que muchos de ellos los hayamos olvidado- nos dan una lección para el presente.
Se puede conceder la condición de autoridad pública a los profesores, pero tal consideración no conseguirá otra cosa que “el respeto” externo de los alumnos, de la mayoría, y por temor al castigo, a la posible infracción penal. Y lo que se trata es de conseguir el respeto con mayúscula, el respeto al profesor por lo que significa y desempeña. Y eso es algo que exige un esfuerzo del profesor: sabiduría en la enseñanza, dotes didácticas, respeto en el trato al alumno, esfuerzo, puntualidad, etc. Solamente con una historia personal de esfuerzo, trabajo, experiencia y valores el profesor conseguirá la “auctoritas”. La autoridad pública será solamente el medio para poner una frontera ante los alumnos desnortados y casi en el borde de la delincuencia.
Pero en conseguir esa “auctoritas” deben participar, y esa participación es esencial, los padres. Los padres deben mostrar su respeto a los profesores delante de sus hijos. Deben alabar su esfuerzo y trabajo. Deben, en definitiva, enseñar el respeto con su respeto. Y no me olvido, no podría hacerlo, de que los padres también deben esforzarse en conseguir la “auctoritas”. Eso sí, deben ejercer, asimismo, la autoridad paterna. No es posible tener “auctoritas” sin ejercicio de la autoridad que se le supone al padre.
¿La sociedad? La sociedad ha perdido el concepto de “auctoritas” porque gobernantes, políticos, estrellas mediáticas y un largo etc., no tienen tras de sí una historia personal de esfuerzo, de trabajo, de valores, de ejemplaridad. Por ello, ese intento de devolver a los profesores la “auctoritas” – también la autoridad, pero que es menos importante- depende de toda la sociedad, de que los ciudadanos recuperemos los valores que hicieron grande a una civilización y que están ahí, para quien sepa, y quiera, descubrir lo que importa, lo que trasciende la moda y la oportunidad.