Viendo el estado de sus cuentas y la inyección económica anual que supondría la instalación del ‘almacén temporal centralizado’ (en realidad un cementerio de residuos nucleares) se entiende que haya municipios que opten por llevarlos hasta su término municipal.Al municipio alcarreño de Yebra, ése que tanto está disgustando a la señora De Cospepal, se ha unido el municipio de Ascó, lo que también ha desatado las iras de sus jefes territoriales de Convergència i Unió y, por el contrario, la comprensión de su secretario general, Artur Mas.
Estas polémicas son hijas del inconcluso debate sobre la energía nuclear a la que el Gobierno de Rodríguez Zapatero dijo no porque la pose ecologista así lo requería, pero sin tener para nada en cuenta los intereses del país que preside. Por muchas que sean sus apuestas por conseguir aportes de fuentes sostenibles, no tenemos suficiente territorio para instalar más aerogeneradores ni más horas de sol para conseguir la energía que el país necesita si no contamos con la aportada por la energía nuclear que, a la postre, es la más barata y más limpia que las convencionales.
Cierto es que persiste en buena parte de la opinión pública un atávico temor a lo nuclear. La brutal devastación producida por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y mucho más la catástrofe de Chernobil aportan dramáticos recuerdos que se vinculan a la energía del átomo. Por suerte, los nuevas generaciones de centrales nucleares son seguras y nos permitirían, en el caso de una adecuada programación a la que ya estamos llegando tarde, garantizarnos un abastecimiento sin quedar a expensas de los vaivenes del mercado del gas y en mayor medida del petróleo.
Al alcalde de Yebra, Juan Pedro Sánchez, le buscan las cosquillas diciendo que si trabaja para la misma empresa que pretende instalar allí el cementerio municipal, lo cual no invalida el acuerdo respaldado por los cinco concejales populares que gobiernan el municipio. Asunto distinto y digno de reflexión es el enfrentamiento abierto en todas las formaciones políticas a propósito del cementerio municipal y la propia energía nuclear.
En el PSOE el presidente de Castilla-La Mancha, el socialista José María Barreda y los concejales de Yebra están en contra del ministro de Industria, Miguel Sebastián. En el PP su secretaria general y presidenta del PP de Castilla-La Mancha no quiere saber nada de esa instalación y anuncia sanciones contra su alcalde por haberla desobedecido. El vicesecretario territorial del PP, Javier Arenas, respalda al alcalde de Yebra lo que lleva a María Dolores de Cospedal a reafirmarse en sus tesis sancionadoras al alcalde desobediente. Mariano Rajoy, muy a la gallega, dice que no tiene criterio sobre el particular pero que “en alguna parte habrá que instalar el cementerio”.
También en CiU, a propósito de la pretensión del alcalde convergente de Ascó de llevar el cementerio a un nuclear municipio, se desatan las guerras internas. Todas estas broncas son consecuencia de no cerrar debates que en otros países han resuelto hace tiempo. Francia, por cierto, produce energía nuclear en tal cantidad que no sólo se garantiza el suministro sino que, además, tiene capacidad para exportarnos excedentes.
Viendo lo que nos ocurre, que es justamente lo que no nos ocurre, se empiezan a entender muchas cosas. Tenemos abiertos todos los frentes imaginables: El del agua que las autonomías tratan de embalsar y no trasvasar; el del modelo del Estado a expensas de una sentencia que nunca llega; el de la financiación autonómica; el del modelo educativo; el de la inmigración; el de la energía nuclear...
Nada tiene de extraño que a la más mínima se produzcan los roces entre autonomías e incluso dentro de las mismas organizaciones y partidos, tal como ha ocurrido con asuntos más inmediatos como lo son los del agua y los residuos nucleares. ¿Y qué dice el presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero? Que la tierra no pertenece a nadie salvo al viento. Pues eso, que siga soplando y, al menos, que no se paren las aspas de los aerogeneradores.