La dirección del PSPV-PSOE, en vez de dedicarse a hacer oposición con los asuntos que suelen tenerle ocupado, el Gürtel mayormente, tal vez saldría ganando si concentrase sus esfuerzos a descubrir quién es el topo que el Partido Popular de la Comunitat Valenciana ha conseguido introducir en el propio Consejo de Ministros. O eso parece.Un topo que no sólo se dedica a husmear entre los papales y los asuntos que en su mesa se debaten y aprueban sino que tiene una contrastada capacidad de decisión, hasta el punto de conseguir liar al propio Gobierno de Rodríguez Zapatero, llevándole a tomar iniciativas que no hacen sino incrementar el granero de votos de los populares, que de suyo está bien repleto.
No de otro modo puede explicarse la torpeza con que el Consejo de Ministros ha abordado en las últimas semanas cuestiones como las del plan de reforma de El Cabanyal, o la caza con ‘parany’. En ambas, ha manifestado un afán metomentodo que resulta tan inusual como desconocido si se piensa en otras comunidades autónomas.
Si lo del ‘expolio’ en El Cabanyal atufaba a pretensión de ganar en los despachos –o en los tribunales- lo que se ha venido perdiendo en las urnas y también en los juzgados, igualmente lo parecía la contumacia de insistir en el asunto con la presentación de un recurso de inconstitucionalidad contra el decreto-ley aprobado por el Gobierno valenciano con el fin de avalar las anteriores decisiones del Ayuntamiento de Valencia.
No son éstos los únicos casos de manifiesta torpeza antivalenciana que llevan el ‘made in gobierno de ZP’. Hasta la propia dirección del PSPV-PSOE debe sentirse preocupada por la ‘longa manu’ del topo, que también trabaja en la dirección federal de su partido induciendo a avalar el transfuguismo benidormí que el propio Alarte había condenado de palabra y obra.
Súmense al ‘memorial de agravios’ ya conocido (e incrementado en las últimas semanas) otros pleitos como los de la financiación autonómica que nos discrimina, o incertidumbres como las alentadas sobre el trasvase Tajo-Segura, para comprender la desazón que debe afectar a la dirección del socialismo valenciano al que se le priva de argumentos –dándoselos directamente a las filas populares- con los que tratar de recortar la abismal diferencia de votos, que sigue inalterable, entre uno y otro partido.
Los socialistas valencianos tienen perfecto derecho a considerar como cierta la posible existencia de un entrometido. Para ellos aún sería mucho peor que no fuese así, sino que el Gobierno de Rodríguez Zapatero estuviese actuando por su propia iniciativa, convencido de que con el uso de esas artes logrará asaltar el gobierno valenciano que desde hace más de quince años está en manos del PP. Y que seguirá estándolo de acuerdo con lo que al día de hoy indican unos sondeos de opinión que reflejan, con total nitidez, cómo los agravios a la Comunidad Valenciana que nos viene infiriendo el Gobierno de Zapatero refuerzan al Gobierno del presidente Francisco Camps.