Acaba de perder la eliminatoria el Valencia como el año
pasado. Ha jugado bien, como el año pasado contra el Sevilla, pero ha cometido
los mismos errores: algunos fallos tontos por culpa del nerviosismo, del exceso
de confianza, de una cierta falta de picardía. También el entrenador ha vuelto
a pecar de lentitud de reflejos, al no cambiar a tiempo a un jugador
amonestado, candidato inocente a una expulsión rigurosa.
Pero, sobre todo, ha
vuelto a haber un arbitraje que, sin ser clara y escandalosamente injusto, ha
inclinado la balanza de forma evidente. Podríamos decir que tanto el Barcelona
este año, como el Sevilla el año pasado, han sido en conjunto mejores. Tal vez
podemos reconocer los valencianos que nuestro equipo no acaba de saber competir
con todas las armas (picardías incluidas) como han sabido hacerlo estos dos
grandes equipos. Pero yo creo que, para poder poner en práctica esos ardides,
esa "profesionalidad", hay que tener una directiva, un club, una prensa, unos
periodistas que te traten igual que al Barcelona o al Madrid o, incluso, al
Sevilla, cuando juegas contra ellos. En la Liga estos "malos arbitrajes", a la
larga, se compensan. En una eliminatoria de la Copa del Rey o de la Champions,
no hay solución. Al Valencia los árbitros no le suelen respetar como se merece.
Si lo de Pinto en Valencia sucede contra el Madrid, el follón mediático hubiera
sido catedralicio. Si la infracción la hubiera cometido Alves, del Valencia, hubiera
sido expulsado como Figoli en el Camp Nou, sin contemplaciones, cuando el empate
aún era posible.
Nos alegramos de que se persigan las filtraciones de los
sumarios secretos del asunto Urdangarín; pero nos duele que no se hubiera
exigido en los casos "Trajes de Camps" y "Jaume Matas".
Nos duele que no se
haya tratado el "Caso Faisán" o el "Caso Pepiño Blanco" igual que los casos
anteriores. Nos alegra que, por fin, la Justicia trate al Juez Garzón como él
trató a Gómez de Liaño, a los implicados en el "Caso Gürtel". No nos alegramos
de que le condenen por "prevaricación", pero sí porque le hayan juzgado con
todas las garantías, sin hacer caso del circo mediático que han montado los de
izquierda, que llevan siempre (¿curiosamente?) un bandera republicana que es
tan inconstitucional como la esvástica o la del aguilucho, confundido con el
águila de San Juan, de los Reyes Católicos, por pura ignorancia de nuestra
historia.
Necesitamos jueces justos e independientes, imparciales, sin
adjetivos. De los árbitros esperamos que se sepan el reglamento, que tengan
buena vista, que traten igualmente al equipo grande que al pequeño, al rico que
al pobre, al muy influyente en los medios que al que no tiene periodistas a su
servicio. Árbitros buenos, justos y libres, ni barcelonistas, ni
valencianistas, ni madridistas, ni progres ni retrógrados.
Igualmente queremos eso mismo y lo esperamos de los jueces,
de los fiscales, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. Nos sobran
los jueces que no sean más que justos, honrados, capaces, bien formados,
independientes etc. Sobran los que forman grupos con calificativos: ni
progresistas ni retrógrados, simplemente jueces.