Dedicado a mi admirado
Fernando Jáuregui, a quien he escuchado en Onda Cero.Y a la hija de D. Gaspar
Garzón.
Ni he brindado con champán, ni he dejado de amar a Francia y
su lengua tan hermosa, a pesar de los teleñecos ofensivos, injustos y
estúpidos. Amo a Francia, porque en Francia aprendí francés, porque me sentí
libre siendo católico, cuando en España vivíamos un catolicismo muy cerrado.
Porque hice muy buenos amigos. Porque estuve en el 59 y volví con mis alumnos
de francés en el 69 a Paris, y en el 72 a Taizé, al Concilio de la Juventud.
Porque allí conocí a varios Hermanos y porque he leído con placer y provecho a
J, Maritain, a J. Malègue, a G. Bernanos, a P. Mauriac, a A. Camus.
Ni Garzón me parece un demonio, ni un fascista, ni un
marxista, ni un stalinista, aunque le defiendan, le coreen, le apoyen, junto a
excelentes personas, disparatados agitadores, gentes impresentables, que van
con banderas inconstitucionales, que amenazan, que gritan, que acusan de
fascistas a los siete jueces del Tribunal Supremo que han dictado una
sentencia,- por lo que dicen todos los entendidos -, imparcial, justa y
jurídicamente perfecta. Garzón, sencillamente, me parece que ha sido un juez
muy valiente (dicen) en ciertos momentos, muy vanidoso, muy "estrella" (conozco
su mal porque yo también tuve una adolescencia parecida en un colegio o
seminario parecido), muy irregular en sus instrucciones (un porcentaje altísimo
fallidas por imperfectas), y que, por "fas o por nefas", ha metido la pata y ha
cometido una prevaricación como un piano. Y claro, los jueces, los pocos que le
han quedado sin recusar al que era presunto reo, los siete jueces (de distintas
sensibilidades o tendencias) del Tribunal Supremo, han dictado la única
sentencia que podían dictar sin prevaricar ellos también. Los mismos que
defienden a Garzón siguen persiguiendo a Camps, ya absuelto, ("no culpable"
para un jurado popular), hasta cuando va a presentar una tesis doctoral sobre "una
propuesta de reforma de la ley electoral".
No brindo con cava porque me apena Garzón y me apena más ver
el sufrimiento y orgullo legítimo herido de su hija; me apena y me horroriza el
montón de defensores emocionados que, contra toda lógica y razón, intentan defenderle
con métodos absolutamente reprochables, que no benefician ni a D. Baltasar ni a
su familia ni a España, a la que tantas veces con valor, y tantas otras, con
vanidad, orgullo o imperfección manifiesta, ha querido servir nuestro ya "ex juez".
No quiero hacer leña del árbol caído. Le sugiero que se aleje
de esos falsos defensores, que mal le van a defender cuando ellos mismos violan
las leyes más obvias: el sentido común y la Constitución. Aléjese de esa gente.
Y si, como dicen algunos, le vuelve a tentar la política (ya cayó en las redes
del "gato negro o blanco", del "gatazo que aún manda en el PSOE", ese señor al
que Vd. casi llegó a llamar por nombre y apellido, y al que sólo se atrevió a
calificar de Mr. X), vaya con mucho tiento: su voz no es muy apropiada para
encandilar a la gente en los mítines. Su presencia, ahora tan grata en ciertos
círculos de "Indignados" y de "izquierda", pronto podrá ser maldita y rechazada
por los mismos que ahora le defienden y aclaman y, sobre todo, por los miembros
de la "progresía de izquierdas tipo caviar". Tiéntese las ropas antes de
enfrentarse a Felipe González, a Rubalcaba (el del "Faisán"), al que Vd. tantas
veces protegió, no sé si también prevaricando, pero, al menos ocultando los
papeles en un cajón, esperando o tiempos mejores o a la prescripción por
tiempo. Vd. sabe de fútbol y es del Barça: perder el tiempo en ciertos momentos
del partido es una forma de ganar.
De Vd. hoy, en Onda Cero, (una tertulia razonablemente
equilibrada, dirigida por Carlos Herrera), en la que ha participado mi admirado
Fernando Jáuregui Campuzano, han dicho cosas como las siguientes: "Sentencia
impecable y necesaria para salvar el juicio del Caso Gürtel. El ataque al
Tribunal Supremo es impresentable. Todo es fruto de la exageración de Garzón y
los suyos. Hay que despolitizar y despersonalizar la sentencia. Garzón no es
más que un juez; no es la Justicia. Garzón es un mal juez que emplea métodos
inquisitoriales; no es un prevaricador. El CSPJ debía haber ejercido su autoridad
a tiempo y ha callado". Fernando ha sido el más benévolo con Garzón (cosa que
entiendo, pero no comparto) y ha hablado de su libro "La España que necesitamos",
editado con la colaboración del gran ex ministro Manuel Pimentel y en la que
han colaborado ex presidentes y el presidente actual aportando, según el
coordinador del libro FJC, ideas muy parecidas.
Yo creo con FJC que necesitamos una seria, consensuada y
profunda reforma de la Constitución. Algunas ideas sobre el tema he mandado sin
fruto a diversos medios, consciente de mi nula importancia en estos asuntos.
Pero creo que el problema actual de España está sobre todo en la soberbia que
manifiestan algunos, como pasó en la Segunda República. Con la diferencia de
que ahora tenemos jóvenes más preparados, clases medias en proceso de empobrecimiento,
por culpa de los errores de ZP y sus Gobiernos en los últimos ocho nefastos
años. Nacionalismos con irracionales y suicidas tendencias separatistas, por un
lado, y separadores, por otro so capa de nacionalismo español, esos españolistas
poco amantes de los españoles que no piensan como ellos. Son los que tienden a
separar a los que sienten España desde su lengua y sus costumbres: catalanes,
valencianos, vascos, gallegos, murcianos, andaluces, aunque lo que más suelen
odiar y menos respetar son las lenguas españolas no castellanas. Se ve que en
España se lee poco el Quijote: "Todo escritor debe escribir en la lengua que ha
mamado; aunque sea un vascuence" (Quijote. IIª Parte. Cap XVI). Fernando, temo
mucho a algunos políticos, magistrados y artistas; pero temo, sobre todo, a
muchos periodistas y a algunos medios que parecen obedecer a intereses muy poco
confesables. En la Transición hasta García "el butanito" era un forofo de la
democracia, el respeto y la Constitución. Debemos preguntarnos por qué hasta
jugadores, tan de España y del Madrid, como Raúl González, no quieren volver a
España y están tan felices entre los alemanes, en ese equipo de los mineros del
Ruhr, el Schalke 04.