Noticias de la Comunidad Valenciana, futbol Valencia, resultados loterias, horoscopos
06/02/2012 15:24:25

Yo quiero ser maestro

El sector educativo está en pie de guerra por los recortes de la Generalitat. Aulas sin calefacción, facturas de la luz sin pagar, recortes salariales, de jornada...
Enrique Puig Forner - 06/02/2012 15:24:25
La marea de personas clamando por una educación pública en condiciones que ya hemos visto en un par de ocasiones colapsando el centro de Valencia da fe de lo impopular de estas medidas. Estoy de acuerdo en que la Educación tiene que ser gratuita y universal. Estoy de acuerdo en que los chavales no tienen que pagar las facturas de las administraciones a golpe de resfriados. Estoy de acuerdo en que la formación de los niños de hoy será clave para la Comunitat de mañana, para el país y el mundo de mañana. Hasta aquí, completamente de acuerdo.

Lo que no se lee en las pancartas ni se escucha por los megáfonos es que el sector de la Educación registra un índice de bajas de cerca del 30%. Para que me entiendan, el límite de lo que se considera sostenible en una empresa privada (como aquellas en las que trabajamos quienes todavía trabajamos)  es del 4%. No deberían pagar justos por pecadores, pero seguro que los justos pueden identificar a los pecadores que tienen a su alrededor. Pongan ustedes una queja. Denuncien ante la inspección o la administración de turno. Tal vez, si lo hubieran hecho, no estarían pagando ahora.

Tampoco pone en las pancartas que el horario de los profesores no está nada mal. Sobretodo si lo comparamos con el sueldo. Ya quisiéramos muchos, los que nos conformamos con una pingüe subida en función del IPC calculada a la baja, tener sexenios (o trienios) para que nos los tocaran. Ya quisiéramos muchos que nos quitaran las ayudas para la ortodoncia de los niños. Significaría que alguna vez las tuvimos.  O los planes de pensiones. O dos meses de vacaciones pagadas. O las Navidades en familia. O los "moscosos" para empalmar con los puentes. O los fines de semana siempre libres. Pero eso no lo dicen las pancartas.

Voy a manifestarme. Yo quiero ser maestro. Voy a manifestarme para que me hagan profesor. Para que no me despidan. Para saber que cobraré a fin de mes un sueldo digno -tal vez ahora menor que hace unos meses, pero digno--. Para poder quejarme de lo que quiera apelando al amor de la sociedad por sus niños. Niños a los que podré dejar sin actividades extraescolares para presionar. Niños a los que podré sentar delante de las pancartas para asegurarme una foto en los medios. Niños a los que no acompañaré a su viaje de fin de curso - me dan igual las loterías, los polvorones o las camisetas que hayan vendido y el esfuerzo de sus papás- aunque lleven todo el año preparándolo con toda la ilusión del mundo, porque estoy cabreado con el Gobierno.

Voy a manifestarme porque, cuando yo era pequeño, en mi colegio hacía un frío de la leche y mi madre me mandaba a clase con un jersey más gordo y una bufanda que me dejaba por cualquier lado. Seguramente en el patio, de donde, pese a que la calefacción no sirve allí, nos tenían que sacar a golpe de silbato y gritos del profesor de guardia. Voy a manifestarme con efecto retroactivo, por mis padres, que sólo querían que alguien me enseñara (que no educara) cosas importantes como las matemáticas, la lengua, la historia o el inglés. Que me explicaron que estar calentito no es lo más importante. Que fuera del cole --ahora les doy la razón-- hace mucho más frío y que hay que estar preparado porque la vida da bofetadas.

Aprendí a sumar, a escribir, conocí el pasado de mi país y estudié el nombre de los cinco continentes. Pero, sobretodo, aprendí que hay que compartir los Plastidecor con los compañeros. Que medio bocata de un amigo generoso en el recreo vale mucho cuando se te olvida el almuerzo. Que las taquillas para dos son un vínculo personal que va más allá de un candado y una llave. Aprendí que era un afortunado porque en mi casa se comía todos los días. Porque mis padres cuidaban de mí. Porque tenía casa.

Tal vez por eso, pienso ahora, al borde de la cuarentena, que los cinco millones de parados que tiene este país merecen solidaridad. Que si un esfuerzo asumible puede contribuir a que se genere empleo para ellos, merece la pena intentarlo. Que, aunque no sea mi culpa, es mi deber ayudar a quienes lo están pasando mal. Y eso, sin Educación para la Ciudadanía ni Educación Cívica y Constitucional. A mí sólo me enseñaron a pedir las cosas "por favor" y a dar siempre las "gracias".

Pues eso, gracias profe, por venir al cole todos los días aunque hiciera frío. Por llevarme de excursión. Por tocarme la frente si me dolía la cabeza y por enseñarme que hay que implicarse en la ayuda a los demás aunque suponga un sacrificio. Gracias por contribuir a hacer de mí una persona solidaria. Muchas gracias, pero permíteme ahora que, haciendo honor a todo lo que me enseñaste, te pida una cosa más: por favor, aplícate el cuento.

Última hora
Opinión [ 13:36 h ]
Cultura [ 12:50 h ]
Deportes [ 12:14 h ]
Acerca de esta noticia en la Red
Cargando...
Diariocríticocv.com
Calle Nicolás Copérnico 8, Paterna (España).
Tel: (+34) 963 269 813
CIF: B-98068042
Diariocríticocv.com
Diariocrítico de la Comunidad Valenciana, SL
Editor: Fernando Jáuregui
Publicidad y Marketing: marketing@diariocriticocv.com
Enlaces Recomendados